Disculpas al perro ausente


Ayer he orado a Dios. Ha sido una oración corta, monosilábica, urgente. Me presenté ante él como quien soy, una sencilla mortal que como todo humano, acude a él en momentos de crisis. Ayer perdí a mi perro y pedí a Dios que me trajera de vuelta ese can amarillo, hiciquilargo, con orejas grandes, peludas, y cola corta, como demandan los cooker.
Pedí disculpas a Dios y a mi perro ausente, si en algún momento alcé la mano brutal ante nuestros desacuerdos; si impuse en tono amenazante mi voluntad; si lo dejé mucho tiempo amarrado y me salté el acuerdo del paseo o las vacaciones que bien debiera existir antre un perro y su amo.
Pedí disculpas si en ocasiones, la comida fue poca; si incumplí con sus paseos habituales; si desatendí con la llegada de la maternidad los mimos que debía darle; si pospuse las caricias de sus orejotas por los brazos de mi hijo; o si nunca entendí cuando en su idioma perruno se cansaba de que mi hijo hiciera de él su pequeño rocinante.
Pedí disculpas por lo poco que hice, y que ayer, justamente ayer había empezado a rectificar y a hacer: Duché su pelambre amarilla, recorté las motas de lana que se habían agenciado a su piel;limpié con hisopo sus orejas; lo saneé de pulgas; le solté largo tiempo para que correterara tras los pajarillos y estirara sus patas;le di acceso a una siesta debajo de mi cama; le di varios mimos, besos y abrazos. Quizás por eso me siento más culpable.Por no haber empezado antes a rectificar. Me pregunto si después de este gran arrepentimiento, Dios me dará la oportunidad de rectificar. ¿Dará Dios segundas oportunidades?
Por el momento, me aferro a mi fe, aunque ella no me arranca este sosiego de escucharlo ladrar en cualquier cuadra; la idea de que en cualquier instante lo encontraré por algún rincón, contoneándose alegre de volverme a ver.
Para qué esconderle mis temores. ÉL sabría con una simple olfateada que estuve con el corazón en la boca a causa de su partida; temblorosa de encontrarle en cualquier calle, tirado, agonizante a causa del accidente de un auto, un coche, una bici, un transeúnte…de imaginarlo en las manos de algún oneroso; víctima de una fatídica pelea.
Le pediría disculpas, le daría un espaciado abrazo y volvería a empezar.

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Acerca de Anaisis Hidalgo Rodríguez

Soy una persona sincera, amante de la literatura, la fotografía, el periodismo, las mariposas y las pequeñas cosas de la vida. Quizás no tenga todas las respuestas, pero puedo escucharte y buscarlas junto a ti.
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