El bonsái de Gerardo, uno de los Cinco


1335Un perfume Mariposa, que es su preferido. Una ropa bien bonita. Tampoco. Mejor algo más espiritual, como ella.
Entonces, ese 14 de Febrero, el regalo de Gerardo para Adriana podría ser un poema; como el que le dedicó después de conocerla en La Rampa mientras esperaba una ruta 32. Lo tituló A la muchacha de la parada, y lo escribió en una clase.
Para iniciarlo, tal vez ahora no encontraría frase mejor que «mi bonsái». «Así es como casi siempre me dice», afirma su amada.
Ya son 27 años a su lado, y ninguna musa traicionaría este amor. Así fluyen los versos… También los recuerdos:
No le resultó fácil conquistarla. La primera vez que la invitó a salir no se atrevió a enamorarla. Pero la segunda no pudo más y le dijo todo lo que sentía por ella. Sabía que le caía bien, pero ese día se negó a formalizar el compromiso. Fue en la Plaza de Armas.
«Pero, como a la tercera va la vencida, el 7 de noviembre de 1986, en la playita de la calle 16, en Miramar, flechó mi corazón.»
Él también se acordará de que esa noche no pudo conciliar el sueño, de tanta felicidad que sentía, que dio vueltas en la cama y hasta se levantó a mirar el reloj, ansioso de que llegara el día siguiente para volver a verla.
¿El primer beso?
Ese a Adriana nunca se le olvida. Ni aquellos «más apretaditos que nos dimos en el camino que conduce a la finca San Marcelo, en Caguaguas, cuando íbamos a pasar allí las vacaciones».
Todavía está de pie el viejo framboyán bajo cuya sombra compartieron la joven pareja compartió tantas veces.
¿Y el primer regalo de novio?
Un juego de anillos de plata que a ella le encantó. Nunca lo había abrazado tan fuerte como aquel 14 de Febrero.
Gerardo le ha confesado que lucía linda ese Día de los Enamorados; pero no tanto como en la boda, que parecía una reina. «Coño, mi bonsái, apretaste», le dijo antes de fundirse en un abrazo interminable.
Un verso…, otro verso… ¿Por qué no, también, rosas? «Un príncipe negro, ¡cómo me gustan!» Él lo sabe, no dudaría en escogerla.
Para la noche, preferentemente, un ambiente íntimo. Sentados en el portal, para tomar «té y unos traguitos de ron con miel», que es como a él le gusta». Al igual que otras veces, una vela le daría mayor solemnidad al momento.
Ese 14 de Febrero habrá poesía, a pesar de la maldad; fragancia, aunque no haya rosas; una noche, a pesar de estos cinco años de distancia.
Porque nada impedirá que la pequeña inmensidad de Adriana traspase los barrotes del injusto encierre Lompoc, California, ni que desde allí, el amor de Gerardo acuda a regar en esta pequeña Isla el alma de su bonsái.
Por: Freddy Pérez Cabrera.

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Acerca de Anaisis Hidalgo Rodríguez

Soy una persona sincera, amante de la literatura, la fotografía, el periodismo, las mariposas y las pequeñas cosas de la vida. Quizás no tenga todas las respuestas, pero puedo escucharte y buscarlas junto a ti.
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