Conducta,mucho más que una película sencilla


Por Yohandry Fontana

Creo que Daranas se equivocó, quizás desde la modestia, al afirmar que “Conducta es una historia sencilla”. Es mucho, mucho más que eso, y el también director de Los Dioses rotos sí que no se equivocó al entregarnos este filme que, de seguro, dará –y ya da- qué hablar en muy disímiles estamentos de la realidad cubana. Sucede que esos 100 minutos que tuvieron como productores al Ministerio de Cultura, ICAIC , RTV COMERCIAL y la FAMCA, logran un amargo y necesario acercamiento a diversas facetas de la realidad cubana, hasta ahora omisas, o muy pálidamente tratadas, en la cinematografía del patio, por no hablar ya de otros productos comunicativos. Desde otra cara de la infancia –bien distinta a la de los afiches-, los avatares de pedagogos, el tratamiento a los de otras provincias que radican en la capital, el tema religioso, el alcoholismo y la drogadicción en una mujer joven, hasta el oscuro mundo de las peleas de perros con sus apuestas, quedan contenidos en esta entrega donde, también el tema de la emigración –otra vez más y con sabidas razones que lo justifican- tiene su espacio. Sería inexacto asegurar que la película resulta un retrato de Cuba, porque lo mostrado constituye solo una parte. Pero en esta Isla que a veces parece erigirse en paraíso de los avestruces por aquello de meter la cabeza en el hueco para no ver, sacar a la luz y sobre todo al debate realidades como esas, entraña un saludable y apremiante acto de civismo, de eticidad. Sobre todo, porque más que exponer, ofrece una esperanzadora solución: no rendirse, rebelarse ante la doble moral, ser consecuente con uno mismo, sus propios credos y convicciones. Todo ello, encarnado en el personaje de Carmela, la veterana maestra, que bien podría entenderse también como una vindicación de la mujer cubana. Esa que no lloriquea ni se amilana, aquella que no le tembló la mano para quemar Bayamo, y a quien hoy no le tiembla la voz para decir como el personaje: a mí tienen que botarme, pero yo no me jubilo. Me parece de interés, por lo alarmante, uno de los planteos contenidos en Conducta: resulta que son los jóvenes –maestros jóvenes- quienes más se apegan a la burocracia, al cuidarse la pintura para que no se la rayen los superiores, a la falta de humanidad, al dogma, al temor. ¿Hombres nuevos, relevo? Lo cierto es que no fue su culpa el ser así. Nada es fortuito en la obra, ni un solo detalle. De ahí la intencionalidad al haber escogido la palabra servil para que la maestra la escriba en el viejo pizarrón y pida a sus alumnos sinónimos del vocablo, que ellos tienen muy claro y traducen como “guatacón y lame-culo”, levantando, de paso, risas entre los espectadores. Los mismos que ofrecieron un aplauso cerrado a la película cuando terminó y entre los que vi a muchos secarse lágrimas y tratar de recomponer un entrecejo que seguía fruncido, con la tristeza entrampada en la frente. “Nos hacen falta muchas Carmela” escuché a alguien comentar en voz alta tras de mí. Que Daranas haya logrado conducir al público, al menos a una parte, a conclusión como esa, es ya un éxito. Aun sin ser experto en el séptimo arte, solo cinéfilo empedernido, me atrevo a vaticinar que el guión, la dirección y las actuaciones del adolescente Armando Valdés Freire (Chala) y de Alina Rodríguez (Carmela) van a merecer muchos premios. Como igual habría que dárselos a Mariela López, la directora del casting, la cual tuvo el olfato y la sensibilidad para encontrar a muchachos como este y los otros que, sin ninguna experiencia histriónica previa, se integran al elenco de un modo pasmosamente convincente. En el caso de Alina, pienso que debe ser muy gratificante para ella, no siempre justipreciada, defender un protagónico como este de la maestra, en un momento de su carrera que ya no era precisamente la cúspide. Si el asunto es hurgar con lupa, quizás la subtrama de Camilo no queda bien justificada, aunque es la que da pie al conflicto de la estampita de la Caridad del Cobre. En igual cuerda, la manera en que se presenta el infarto de Carmela, caída en medio del tráfico, pudo haber tenido un planteo formal más feliz. Eso de que la película sea para todas las edades lo veo francamente como un desaguisado –no achacable por supuesto, al colectivo artístico-. El propio director ya había apuntado que “Es una película con niños, aunque no sea precisamente para niños”. Ya veremos a muchos Chalas con chapitas afiladas cortando a diestra y sobre todo siniestra; y lanzándose a las aguas sucias del Malecón para alcanzar la primera boya. No obstante, me parece superfluo, epidérmico, o de quien no quiere meterse en líos, circunscribir el análisis de una obra como esta al plano formal, o a la etiqueta de género que pudieran endilgársele: que si melodrama, que si drama… Al toro, por los cuernos; si no, no se puede ser torero. Y Daranas con su Conducta ha sabido lanzarse al ruedo.

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Acerca de Anaisis Hidalgo Rodríguez

Soy una persona sincera, amante de la literatura, la fotografía, el periodismo, las mariposas y las pequeñas cosas de la vida. Quizás no tenga todas las respuestas, pero puedo escucharte y buscarlas junto a ti.
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